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Arte en tiempos de crisis 1/2

  • Foto del escritor: Facho Rubin de Celis
    Facho Rubin de Celis
  • 10 dic 2024
  • 4 min de lectura

Actualizado: 7 jul

Crónica de archivo


En el contexto actual de Bolivia, una nación marcada por una fuerte crisis económica, social y política, el arte callejero se convierte en un refugio para quienes buscan expresar emociones más allá de los discursos políticos y las ideologías. En medio de la inflación, la polarización y las dificultades diarias que enfrentan los bolivianos, los artistas callejeros no solo sobreviven, sino que aportan una visión profunda y auténtica sobre el valor del arte en momentos de adversidad. Este artículo explora el arte como un acto de resistencia emocional, alejándose de los cánones institucionales, y presenta las historias de dos artistas que trabajan en las calles de La Paz, Bolivia.


Originalmente, la intención detrás de este trabajo era realizar una investigación en colectivos de artistas que luchan por la justicia social, como el grupo Mujeres Creando. Sin embargo, el destino llevó a algo inesperado: dos encuentros en las calles paceñas con artistas que, desde sus posiciones cotidianas, nos brindan una perspectiva distinta más cercana y directa sobre cómo se vive y se siente el arte en tiempos de crisis. Freddy Richard Torrez Castro, un dibujante empírico, y José Luis Lora, creador de esculturas musicales de madera, nos invitan a reflexionar sobre el papel del arte cuando la sociedad está fracturada.


El arte callejero en Bolivia ha sido históricamente subvalorado. No goza del prestigio que tienen las obras expuestas en galerías o museos, pero esto no significa que carezca de relevancia. En las calles, el arte vive, respira, y dialoga directamente con la gente. En tiempos de crisis, los artistas callejeros tienen una posición única: enfrentan la dura realidad económica, la indiferencia social y, muchas veces, la estigmatización. Aun así, su arte se mantiene como una forma de resistencia, aunque no necesariamente política, sino emocional.


A través de sus obras, estos artistas encuentran una manera de conectarse con el público de manera inmediata, sin las barreras que suelen separar al arte "elevado" de la vida cotidiana. Es en este espacio subrepresentado donde los artistas callejeros cobran importancia. Ellos no solo crean arte, sino que también provocan reacciones, inspiran reflexiones y, en muchos casos, ofrecen un escape a la realidad que agobia a la gente común.


Freddy Richard Torrez Castro un artista que vive y respira el arte desde las calles de La Paz, muestra cómo el arte callejero puede tener un impacto profundo, no solo en quienes lo contemplan, sino en quienes lo crean. Este arte emerge no de la comodidad de los salones, sino del polvo y el bullicio de la ciudad, allí donde las emociones son más reales y crudas.



Freddy Richard Torrez Castro y el Poder del Arte Sin Política:


Freddy en el prado paceño
Freddy en el prado paceño.

Un joven artista autodidacta. Desde temprana edad, aprendió de su padre, Rubén Torrez García, también dibujante, quien le enseñó los secretos del arte empírico. A través de este legado familiar, Freddy ha perfeccionado su técnica, especializándose en retratos y dibujos a mano alzada. Sin embargo, a diferencia de muchos artistas contemporáneos, Freddy ha optado por no utilizar su arte como una plataforma política o de protesta.


Cuando le pregunté qué pensaba sobre el uso del arte como medio de rebelión, Freddy respondió con una perspectiva única. Para él, mezclar el arte con la política puede resultar contraproducente, ya que muchas veces la gente encasilla al artista según su obra, vinculándolo con partidos políticos o movimientos con los que tal vez no tiene ninguna afiliación. 


En su caso, esto podría afectar sus ingresos, pues su trabajo más rentable está en hacer retratos religiosos, como imágenes de Cristo o la Virgen, así como retratos personales. El arte político, dice Freddy, no vende tanto, y en tiempos de crisis económica, vender es una necesidad primordial.


No obstante, su arte no está desprovisto de una dimensión profunda. Aunque no crea obras con mensajes explícitamente políticos, Freddy ve su labor como una forma de rebelión contra la indiferencia y la desesperanza.

"Yo ayudo a la gente a olvidar los problemas del día a día con mi arte"

Para él, el simple hecho de hacer que alguien se detenga frente a un dibujo, sonría o reflexione, es un acto de resistencia en sí mismo. En tiempos donde el caos y la incertidumbre dominan, el arte de Freddy ofrece un pequeño respiro, una pausa que permite a las personas experimentar emociones más humanas y positivas.


Además, Freddy critica el poco valor que se le otorga al arte en la sociedad actual. Para él, esta desvalorización refleja una falta de humanidad en una época donde, paradójicamente, el arte es lo que más necesitamos. A pesar de haber trabajado con su padre dibujando retratos a pedido de grandes autoridades de Estado tan diversas como Evo Morales, Hugo Chávez, Fidel Castro o Manfred Reyes Villa, su trabajo, como el de muchos otros artistas callejeros, suele quedar relegado al olvido. Es un testimonio de la lucha diaria que enfrentan estos artistas para mantener viva una llama de creatividad y expresión en medio de un ambiente poco receptivo.


Freddy también compartió una reflexión profunda durante nuestra conversación. Mientras observábamos dos árboles de diferente tamaño, él me preguntó qué veía. Yo, con una respuesta simple, le dije que veía dos árboles, uno más grande que el otro. Freddy sonrió y me explicó que, en realidad, lo que veía era cómo un árbol más grande le enseñaba al otro a ser fuerte y recto. Con esta metáfora, Freddy resume su visión del arte: una guía silenciosa que, sin grandes aspavientos, enseña y transforma a quienes están dispuestos a ver más allá de lo evidente.






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