Arte en tiempos de crisis 2/2
- Facho Rubin de Celis
- 20 dic 2024
- 4 min de lectura
Crónica de registro
El segundo artista con el que conversé fue José Luis Lora, de 68 años. Lora es un personaje único, conocido en La Paz por su carro de esculturas de madera que, con un sistema de manivelas, "bailan" y tocan música frente a un fondo tallado de la ciudad. Su arte es una representación de lo que él llama "la humanidad en su estado más puro". Según Lora, el arte no debe ser un medio para la política o la ideología; su función es mucho más trascendental.

Lora tiene una visión clara: "Los artistas somos médicos del alma". Para él, en tiempos de crisis, el trabajo del artista es tan esencial como el de un doctor. Su arte es un remedio para el espíritu, algo que va más allá de lo material o político. Durante nuestra conversación, destacó que la humanidad, en su afán por los bienes materiales y el poder, ha olvidado lo esencial: el arte, la música y las emociones que estos provocan.
Lora tiene una visión clara: "Los artistas somos médicos del alma". Para él, en tiempos de crisis, el trabajo del artista es tan esencial como el de un doctor. Su arte es un remedio para el espíritu, algo que va más allá de lo material o político. Durante nuestra conversación, destacó que la humanidad, en su afán por los bienes materiales y el poder, ha olvidado lo esencial: el arte, la música y las emociones que estos provocan.
En tiempos de crisis económica y social, Lora insiste en que el camino no es recurrir a mensajes políticos en el arte, sino en hacer un arte que trascienda las diferencias ideológicas. "Trabajar y trabajar", me dice, es la clave. No importa cuánto cambien las formas de gobierno o los partidos en el poder; para él, son simplemente diferentes caras del mismo monstruo. Lo importante, en su opinión, es que el arte ofrezca algo que trascienda los problemas cotidianos y muestre a la gente algo mucho más grande: la unidad y la interconexión que tenemos como seres humanos.
La respuesta de Lora es contundente: “La política no es el camino para sanar a la sociedad; el arte, en cambio, sí lo es”.
A través de su música y sus esculturas, Lora busca que la gente deje de lado sus divisiones y se concentre en lo que nos une como humanidad. Su crítica a los recientes problemas ambientales en Bolivia, como las quemas forestales, refleja esta falta de unidad y su convicción de que el arte puede recordarnos que, en el fondo, somos un solo mundo.
Mientras habla, Lora mueve las manivelas de su carro y las pequeñas figuras de madera cobran vida. Algunas giran, otras levantan los brazos y varias parecen tocar instrumentos al ritmo de una melodía mecánica. La escena atrae a quienes pasan por el lugar: niños, adultos y turistas se detienen por unos minutos para observar cómo una estructura artesanal transforma una esquina de la ciudad en un pequeño escenario. Esa reacción del público parece confirmar su idea de que el arte puede interrumpir la rutina y devolverle a la gente la capacidad de asombro.

Cada una de sus esculturas está elaborada con paciencia y conserva las marcas propias del trabajo manual. Lora no busca ocultar las imperfecciones de la madera, sino incorporarlas como parte de la obra. En sus figuras aparecen músicos, bailarines, animales y personajes cotidianos que, al ponerse en movimiento, construyen una representación colectiva de la vida. El fondo tallado de La Paz refuerza esa conexión con el territorio y convierte su carro en una obra ambulante que dialoga con la ciudad y sus habitantes.
Su propuesta también plantea una forma distinta de entender el espacio público. Lora no espera que las personas ingresen a una galería o a un museo para encontrarse con el arte; lleva su obra directamente a las calles. En ese desplazamiento, el arte deja de pertenecer exclusivamente a espacios institucionales y se vuelve accesible para cualquier persona que pase frente a él. Su carro funciona como una exposición móvil, pero también como un punto de encuentro entre desconocidos que comparten, aunque sea por unos instantes, una misma experiencia.
A pesar de su postura crítica frente al uso político del arte, su obra no está desconectada de la realidad. Por el contrario, surge de una preocupación profunda por el comportamiento humano, la pérdida de sensibilidad y la fragmentación social. La diferencia es que Lora no busca responder a estos problemas mediante consignas, sino a través de imágenes, sonidos y movimientos capaces de despertar emociones. Su forma de resistencia consiste en insistir en la belleza, la imaginación y la capacidad de crear incluso en momentos adversos.
Al despedirnos, queda la impresión de que su carro no es únicamente un conjunto de esculturas móviles, sino una síntesis de su manera de comprender el mundo. En él conviven el oficio, la música, la memoria de La Paz y una esperanza persistente en el poder transformador del arte. Lora continúa recorriendo la ciudad con sus figuras, convencido de que cada persona que se detiene a mirar puede llevarse algo invisible: una emoción, una pregunta o un breve alivio frente al peso de la realidad.
Reflexiones Finales: El Arte Como Refugio en Tiempos de Crisis

Las conversaciones con Freddy Richard Torrez Castro y José Luis Lora ofrecen una visión poderosa sobre el rol del arte en tiempos de crisis. Para ambos, el arte no es simplemente una forma de expresión, sino una herramienta de sanación, un respiro en medio de las dificultades. Aunque sus enfoques difieren—uno más enfocado en lo visual y otro en la música y el movimiento—ambos coinciden en que el arte debe trascender los problemas políticos y sociales, y ofrecer algo más profundo: humanidad, consuelo y unión.
El arte callejero, a menudo subrepresentado, cobra especial relevancia en momentos como el que vive Bolivia hoy. Freddy y José Luis nos recuerdan que, aunque el arte pueda parecer un lujo en tiempos de crisis, es, de hecho, una necesidad vital. Nos ayuda a reconectarnos con lo que realmente importa, alejándonos de los conflictos y devolviéndonos a lo esencial: nuestras emociones, nuestra humanidad, y nuestra capacidad de soñar con un futuro mejor.



Comentarios